Journal No. 2
- Martina Fasciani
- 15 ene
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 16 ene
Creer, crear, confiar.

Querido 2026, que lindo que finalmente estes acá.
El 2025 fue un año que no pasó desapercibido, con sus miles de matices, preguntas, descubrimientos, reflexiones y puestas a prueba. Presiento que este año va a ser muy diferente, pero eso no descarta para nada el desafiarme una y otra vez.
El año pasado hubo mucho movimiento interno y externo. Fue de buscar adentro y afuera. Fue perderme, crisis, encontrarme, gozarla, saltar, volver a caer, volver a encontrar una Martu distinta, hacer las paces, encariñarme, volver a lanzarme una y otra vez más.
Vengo de tiempos en donde conozco viejas y nuevas versiones mías, y ciertamente estoy en la construcción de una nueva identidad, no porque no me guste lo que había, sino porque sé que hay más, mucho más.
Un día, mirando las pequeñas cosas que tenía tras haberme mudado (libros, un abanico, muchos cuadernos y papelería) me tildé profundamente mirando una tarjetita que dice “creer, crear, confiar”. Una simple frase para algunos, pero para mi fue una gran señal. Recuerdo haber pensado “WOW, cuantas son las chances de que enuncie el título de mi viejo podcast?!” Al verla, mi gran y querida Catsu, quién también entendió la señal, me la regaló. Me llamaba la atención porque el título que le había puesto a aquél proyecto se llamaba “creer, crear, amar”, y sabía que el cambio de ese «confiar» venía a enseñarme algo más que lo que se lee a simple vista, pero percibía que me iba a tomar un tiempo descifrarlo.

Tras mi mudanza de país y continente, la revolución interna que venía teniendo, creció como era de esperar. Todos saben que emigrar es difícil, pero nadie sabe cómo es hasta que lo vive en carne propia. Resulta, que tras unos ““““hermosos”””” enteros meses de lluvia 24/7 y de estar encerrados con nuestras pocas pertenencias, mirándonos las caras, con nadie con quién hablar, la presión de no saber qué mierda hacer y el para nada preciado feeling de cuarentena; apenas dejó de llover salimos en busca de unos libros para tener algo que ocupe nuestra mente y nos lleve lejos del mundo digital.
Sin embargo, ahí fue cuando me topé con el famoso libro “El camino del Artista” que, lejos de saber de qué se trataba, seguí el impulso y decidí probar un poco de qué se trataba. Fue el comienzo y despertar de un nuevo ciclo, sin dudas, pero esa es una historia queda para otro capítulo. La gran cuestión, es que este famoso libro fue uno de los encargados de hurgar en mi interior, en mi creatividad, en mis miedos, mis deseos, mis rutinas, mis versiones pasadas y todas aquellas que quería construir.
Es gracias a él que comencé un nuevo proceso de de-construcción y observación sobre mi ser creativo. Aprender y desaprender, creer y descreer, crear y desarmar, confiar y… desconfiar, dudar y tratar de hundirme inconscientemente hasta recordar “creer, crear, confiar”.
Por eso, aquella vez, una más de las tantas que miraba fijamente esta pequeña tarjetita, tuve el reflejo de decir “¿A ver eso que grabé aquella vez?”. Algo que momentáneamente tiene de bueno el internet, es que podés encontrar pequeñas cápsulas del tiempo que no sabías que tenías y revivir una antigua versión tuya.
Fue darle play y querer morir del cringe. Internamente tenía unas ganas de apagarlo, de silenciar la voz que narraba. Pero también quería darme la chance de escuchar lo que aquella “niña” (tenía 22) tenía para decir. Como un baldazo de agua fría que te empapa con una mezcla de sentimientos y emociones en las que no sabés si correr, gritar o reirte, me escuché y me sorprendí.

Sí, era “chica”, sin experiencia, atolondrada, con pocos años de vida y una voz para nada de locutora, y aún así lo que tenía para decir, lo que me brotaba, salía con tanta naturalidad. No podía creer lo poco corrompida que estaba y la energía con la que hablaba. Desde una posición de certeza interna, no de verdad absoluta, era coherencia con lo que vivía, sed y búsqueda constante por moverme, por crecer, por escucharme y por descifrar qué era lo que la creatividad y la vida tenían para ofrecerme.
El asombro fue total porque una vez más, por más cringe e imperfecciones que pudiera detectar de aquella versión mía, también había tanta empatía y alineación con esa Martu, seguía creyendo en las mismas cosas, seguía queriendo cosas muy parecidas, inclusive más grandes y profundas. La pequeña niña que decía lo que le brotaba, no era tan volada, no estaba tan perdida, no estaba tan equivocada…
Me hizo pensar “esta no es la primera vez que sabés que tenés algo para contar, y de hecho, aquellos temas que solita deducías con golpes y porrazos, hoy no sólo son certezas para vos, sino que tenés muchas más preguntas igual de valiosas, pero muchas más herramientas que aquél entonces, así que, ¿Qué es lo que realmente te detiene? ¿Qué tenés miedo de perder? ¿A qué le tenés más miedo, a equivocarte o a hundirte en el deseo eterno nunca explorado?”.

Okay dije, no hay mucho más que decir, esto va a suceder porque quiera o no, mi búsqueda, mi proceso y mi propósito creativo siguen estando vivos, siguen creciendo y con ello mis aprendizajes, mis reflexiones, mis dudas, mis preguntas y mis respuestas.
Sólo debo, una vez más, creer, crear, confiar…
-m
[ Dedicado a todas nuestras viejas versiones que nos trajeron hasta donde estamos hoy 🧡 ]



















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